miércoles, 13 de diciembre de 2023

El viejo rockero que nunca muere: Miguel Ríos

 Miguel Ríos

Por Renato Salas Peña (*)

Dicen que los viejos rockeros nunca mueren, que esa inmortalidad tiene un lugar selectamente separado para este tipo de tipos, y de pasada, para algunos poetas malditos que ocupan su decadente trono.

Hace algunos días, vagando por el inmoral YouTube recaí en un concierto sinfónico del ya mítico Miguel Ríos Campaña, granadino que se acerca rockeramente a los 78 años dándonos la bienvenida a todos los hijos del rock and roll, ahora nietos e incluso bisnietos.

Cuando aún la televisión era en blanco y negro -salvo, los que ya usaban el tecnicolor- y aquí en Lima, era muy difícil poder ver un programa sin que un apagón nos sorprendiera a mitad de este, me colgaba frenético al techo de casa para acomodar la espía antena que me conectaba con las ondas UHF y así podía ver conciertos que no pasaban en la señal abierta. Hasta hoy se cuela en mi memoria ese alucinado concierto donde Miguel Ríos gira en torno a ese escenario montado en varias plazas de toros que llegó a reunir, dicen, a casi 800.000 personas en casi 40 conciertos y en donde ya cantaba: Los viejos rockeros nunca mueren (1979), Rocanroll bumerang (1980) y Rock de una noche de verano (1983). Aunque la historia de Miguel Ríos (Mike Ríos, el rey del twist) va mucho antes, desde cuando entró a trabajar en una disquera –digno primer empleo para un músico- y prestaba su voz para bandas como Los Canarios y Los Relámpagos, meneando la pelvis a lo Elvis.

Será en el 69 cuando grabe El himno de la alegría, torciendo el pescuezo de Beethoven y abriendo una ruta nueva para los rockeros, un atrevimiento que ocasionó para su carrera la fama total y la apertura del mercado internacional. La postura política de Miguel Ríos nunca ha sido un guardado misterio, es más, siempre ha abanderado su ideal de izquierda y ha sido uno de los primeros defensores de los ideales románticos ecologistas, como prueba de esto nos dejó el pionero álbum, La huerta atómica (1976).

Será por el año 96 cuando armé una suerte de selección de la canción española: Joan Manuel Serrat, Ana Belén, Víctor Manuel y él, echándose a rodar por toda España y parte de Latinoamérica llegando entrelazar diferentes ritmos, letras, propuestas, y ante todo, mucho gusto y demasiado arte. También ha trabajado dúos con Sabina, El Tri, Rosario, Charly García (aun no me queda claro a quién oí primero la versión de Nos siguen pegando abajo, él o García), Alejandro LernerManolo GarcíaFito Paez, Aterciopelados y un larguísimo etcétera que desborda vinilos, casetes, cedes, bluerays.

Si es que la memoria no me falla, visitó al Perú en el año 98, fue en el estadio del Callao, por primera vez pude apreciar lo profesional en un músico (banda, sonidos, luces) todo cuadraba, se monitoreaba a la perfección, milimétricamente se planeaba la aparición del superstar. Y las luces se apagaron y se prendieron y se volvieron a apagar y se escuchó esa voz que arde rockeraza, casi casi susurrando los versos y se menea blusera por pasajes precisos, el cuerpo que acompaña las melodías no exagera jamás el movimiento, va exacto, sin poses, porque ese es el talento de Miguel Ríos, el de ser auténtico, el de ser un viejo rockero.

Hijo predilecto de muchas ciudades españolas, doctor honoris causa de otras cuantas, presentador de televisión, padrino de bandas en ciernes, eterno alquimista del rock. Aun suena para nosotros ese futurista amor por computadora, mientras solemos a menudo, recordar a alguien y darle a nuestros días a todo pulmón para así todavía brindar con el recuerdo de cuando aún vagábamos libres en las carreteras y escuchar la canción hecha alegría, mientras Ríos nos sigue dando la bienvenida, a nosotros, sus hijos, los hijos del rock and roll.

(*) Lima-Perú 1971 - Docente universitario, Licenciado en Educación con especialidad en Lengua y Literatura, asimismo llevó una Maestría en Docencia a Nivel Superior y Gestión Educativa y actualmente un Doctorado en Humanidades.

© Agensur.info

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