Por Javier Calvo
Las legislativas de hoy domingo transcurren en medio de un
clima de agitación acelerado en los últimos días. Cómo afectará semejante
temperatura a los votantes es acaso la principal incógnita entre los
protagonistas de la elección.
El hallazgo del cadáver de Santiago Maldonado convulsionó
aún más un escenario ya agrietado por la polarización. Sectores de Cambiemos y
del kirchnerismo no han encontrado otros recursos que no sea echarle nafta al
fuego. Algunos funcionarios, dirigentes y adherentes de ambos “bandos”
(incluidos ciertos medios de comunicación y periodistas) se han sumado a ese
ejercicio con tanto entusiasmo como irresponsabilidad.
La desquiciada lógica de que no importa la búsqueda de
verdad y justicia, sino abrazar mentiras y medias verdades que sólo ratifiquen
nuestra posición original, atraviesa estos tiempos y puede tener efectos muy
peligrosos. Ya los hemos vivido y cruzado en tiempos remotos y no tanto. Pero
insistimos, como si no hubiéramos aprendido.
El fanatismo impide ver las contradicciones y errores de
unos y otros. En un caso como el de Maldonado, la mayor responsabilidad siempre
es del Estado, sea desde el accionar de una fuerza de seguridad (porque
Santiago no murió nadando en una playa sino, como mínimo, escapando de los
gendarmes que reprimían una protesta) como de la Justicia.
Que en principio el cuerpo de Santiago no presente lesiones,
según sostuvo el juez Lleral tras la autopsia, no exime de responsabilidad a la
Gendarmería aunque sí daría por tierra la hipótesis de que miembros de esa
fuerza habían “chupado” a Maldonado y plantaron luego su cadáver en el río
Chubut. Eso agitó el cristinismo. O que lo chuparon y plantaron los propios
mapuches. Eso agitó el macrismo. Apenas dos muestras de la locura reinante.
Hubo y hay muchas más.
Quien mejor desnudó el grado de alienación que nos rodea fue
la familia Maldonado, que no sólo debió padecer la desaparición y muerte de
Santiago. También el destrato del Gobierno y de la Justicia (con Otranto, el
magistrado inicial de la causa) y el uso político que intentó hacer el universo
K, con el fin de demostrar la descabellada idea de que vivimos en una
dictadura. Aún así, mantuvieron y mantienen su permanente reclamo de
esclarecimiento y Justicia. No es la primera vez en la historia argentina que
las víctimas dan ejemplo.
Esa lógica racional, chocante ante los exabruptos
generalizados, podría cimentarse en bases más firmes si el juez Lleral mantiene
su labor profesional y seria en pos de saber qué pasó, le convenga o no a quien
sea. La intervención del Equipo Argentino de Antropología Forense, respetado a
nivel global, va en la misma dirección.
Pero no solamente el caso Maldonado aportó fuego al
pantanoso clima preelectoral. La detención del ex segundo de Julio De Vido,
Roberto Baratta, en una causa por importación de gas licuado, y el probable
futuro carcelario de su antiguo jefe corrobora lo servicial que puede resultar
Comodoro Py cuando surfea los vientos del poder.
Que el juez que ordena estas detenciones, procesamientos y
desafueros sea Claudio Bonadio tampoco llama la atención. El mismo que absolvió
a Cristina por su abultado patrimonio, luego de la reelección por el 54% en
2011, es el mismo que ahora va contra todo lo K. Con más o menos pruebas. La ex
presidenta y hoy candidata será indagada por Bonadio por la causa del
Memorándum con Irán. Ya la procesó e indagó en el expediente de dólar futuro.
Vale todo. Y no es difícil de imaginar el epílogo.
Otra vez, como en el caso Maldonado: de lo que se trata es
de hacer justicia y establecer responsabilidades. Si se disponen de detenciones
o indagatorias basadas más en los deseos que en las evidencias disponibles,
estaremos ante una nueva repetición de errores que abren puertas peligrosas,
alejadas de una democracia republicana. Y abrirá las de la revancha política,
como denuncia ahora el kirchnerismo, después
de haber estado al frente de una cleptocracia pocas veces vista, como ha
investigado y demostrado Perfil desde
hace doce años.
Tal vez, entonces, estemos hoy ante la oportunidad de poder
elegir algo más que nuestros representantes ante el Congreso, definir
gobernabilidades o potenciales candidaturas presidenciales para 2019. Este
pantano de desconfianzas y venenos no puede ser nuestro único destino.
0 comments :
Publicar un comentario