Por Fernando Laborda
Seis meses antes de las cruciales elecciones de medio
término, cierto alivio llegó a la Casa Rosada de la mano de Elisa Carrió y de
un cambio de clima que las encuestas comenzaron a marcar en abril, tras un
marzo que constituyó la etapa de mayor conflictividad social para el gobierno
nacional.
Sin embargo, un principio de crisis de identidad de la coalición
gobernante y los costos de la estrategia polarizadora del oficialismo renuevan
los desafíos para Mauricio Macri.
Existe coincidencia entre encuestadores en que se detuvo la
caída en la imagen de la gestión y del propio Presidente que venía teniendo
lugar desde principios de año, tras una serie de errores no forzados del
Gobierno y el festival de marchas callejeras contra las políticas macristas.
Reina incluso la convicción de que Macri ostenta una leve recuperación en la
opinión pública al tiempo que, pese al prolongado conflicto docente -hoy muy
cerca de su agotamiento-, María Eugenia Vidal se ha consolidado como la figura
política con mejor imagen.
El riesgo de la estrategia polarizadora es que termine
complicando la posibilidad de acuerdos en un Congreso donde Macri sigue
necesitando del peronismo.
El corrimiento de Elisa Carrió a la Capital Federal, donde
será primera candidata a diputada por el oficialismo, alivió potenciales
tensiones en el distrito bonaerense, donde la gobernadora provincial será la
figura estelar que se buscará plebiscitar como emblema del cambio. El papel de
la diputada Carrió no será menor: ha sido definida cerca del Presidente como
"la esencia del cambio" que precisa la política y así se la exhibirá
en la campaña.
Claro que los problemas para el oficialismo no terminan
allí. El veto del macrismo a Martín Lousteau para competir en las primarias
abiertas de Cambiemos obliga a los analistas a poner el foco en una aparente
crisis de identidad de la coalición gobernante. Ciertos dirigentes de esta
fuerza creen que es una gran oportunidad para diferenciarse de sectores del
radicalismo que formarían parte de una "vieja política", en referencia
directa a los padrinos radicales de Lousteau: Enrique Nosiglia y Emiliano
Yacobitti. Pero quedará la duda sobre los mecanismos institucionales que
deberían regir la definición de candidaturas en una alianza que corre el riesgo
de mostrar sus primeras grietas.
El ascenso de Carrió es funcional a una estrategia
discursiva oficial que, en las últimas semanas, viene poniendo énfasis en la
lucha contra las mafias sindicales y empresarias. Horas atrás, el ministro de
Transporte, Guillermo Dietrich, cuestionó a hombres de empresa por haber
silenciado durante años "hechos de corrupción" de los que habrían
tenido conocimiento, vinculados con el entonces ministro de Planificación Julio
De Vido y su segundo, José López. Pudo haberse dirigido hacia un terreno
fangoso, teniendo en cuenta que el actual gobierno ha decidido avanzar con la
construcción de dos represas en el río Santa Cruz, que son fruto de una
licitación de esa gestión kirchnerista que aún genera dudas en materia de
transparencia.
© La Nación
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