lunes, 10 de agosto de 2015

PASO a lo relativo

Por Gabriela Pousa
No hay otro tiempo que el ahora, este ápice del ya será y del fue, de aquel instante en que la gota cae en la clepsidra. El ilusorio ayer es un recinto de figuras inmóviles de cera o de reminiscencias literarias que el tiempo irá perdiendo en sus espejos (…)”  Jorge Luis Borges 

Inútil  es la tarea del analista político cuando no se tienen los resultados concretos y definitivos de un comicio. En ese sentido cabe agregar que este es pues un análisis preliminar, o si se prefiere un análisis de lo que las PASO arrojan aún desconociéndose el resultado final.

Aquello que puede cambiar es la capacidad de negociar que pueda tener Sergio Massa según el porcentaje de votos que lo distancien de Macri. Desde el búnker del Frente Renovador ya dicen que no cederán. En ese caso, puede avizorarse una suerte de estrategia al mejor estilo Martín Lousteau (o sea funcional al gobierno más que proclive a cambiemos) Los purismos no suman cuando está en juego la República. 

El resto es prácticamente conocido. Incluso podemos dormirnos con un ganador y amanecer con otro como ya nos pasó. Por eso veamos, en un plano general que deja este día tan particular. 

Nada peor en esta Argentina que hacerse entender sin utilizar falacias y eufemismos. Culminan las PASO y dan por ganador a quien nada ha ganado. Esta afirmación tira por la borda cualquier análisis medianamente racional de lo que ha pasado.  

En un país donde desde hace más de diez años el idioma ha sido manoseado, es muy difícil una lectura coherente y mucho más pretender un análisis que no esté sesgado. Si algo ha triunfado tras estas PASO son los eufemismos que han impuesto desde el vamos para que nada se entienda demasiado. 

No se trató de una puja Macri versus Scioli ni tampoco del PRO versus el Frente para la Victoria, se trató de elecciones internas, abiertas, simultáneas y obligatorias. Las siglas cuando no son conocidas no cooperan a echar luz al sistema. En ese sentido, el gobernador de la provincia de Buenos Aires no compitió contra nadie pues no ha habido internas en su partido.

La única que ha decidido en la interna presidencial del kirchnerismo ha sido la Presidente al dejar a Florencio Randazzo fuera del tablero. La reina movió las piezas, y Scioli fue a internas contra sí mismo. El partido oficial apenas si dirimió el candidato a gobernador del conurbano y el resultado, aunque parezca contradictorio, si se mantiene la tendencia, no le hace ningún favor al mismo.

Aníbal Fernández es un problema más que un candidato. Para María Eugenia Vidal es más fácil enfrentar a quien no puede mostrar trasparencia ni integridad que hacerlo con quien parece bueno. Por otra parte su elección ya la sitúa prácticamente en la gobernación. Pero no saquemos el prácticamente de la oración. La cautela en este hábitat es ley primera.

Lo cierto es que para Vidal es una suerte si triunfa el jefe de Gabinete porque no nos engañemos, a los argentinos nos encanta comprar lo “lindo” como sinónimo de lo óptimo, y en esa góndola se ha subido Julián Dominguez por suerte sin ningún resultado.

Cambiemos, al contrario del FPV, fue a internas y dirimió una candidatura concreta: Mauricio Macri derrotó a Ernesto Sanz y Elisa Carrió aun cuando estos ahora deban sumarse a la campaña del “contrincante” hasta hoy. Así debiera ser si se conserva el respeto por la palabra que se dio. 

Lo cierto es que aun cuando las PASO arrojaron un boceto de cómo estamos, nada – que no sean los candidatos – está definido con miras al resultado de las elecciones de Octubre próximo. Dos meses en cualquier país desarrollado es un lapso irrisorio, en Argentina es una eternidad donde todo puede ser y no ser al mismo tiempo.

Los imponderables están a la orden del día. No olvidemos que hace cuatro años, el 54% de la población voto un vestido negro y un luto que parecía ser ad eternum. Una cosa es el optimismo necesario para la supervivencia en esta Argentina, y otra muy distinta es esperar milagros. 
Tampoco puede dejarse de lado la aversión de Carrió hacia quien hoy es su aliado. Nada es tan blanco ni tan negro en este escenario. Nadie es tan peronista como para dejar de serlo, ni tan gorila como para resistirse al bombo y la marchita. Estamos sumergidos en relativos…

Por otra parte, para ilustrar el desorden de cosas, nótese que la abstención a las urnas ha sido grande. Los medios repiten – consciente o inconscientemente – que “el factor climático” es el causante. Craso error. Lo que ahuyentó votantes no fue la lluvia sino la falta de infraestructura para paliar anegamientos e inundación. Llamemos a las cosas por su nombre.

Lo que sigue al día de hoy es harto conocido: cada uno leerá este comicio como más convenga a sus intereses y a sus estrategias. De más está decir que el gobierno – más allá de los porcentajes que obtenga – saldrá a “festejar” su triunfo como lo ha hecho incluso cuando Mariano Recalde quedó fuera del balotaje en la elección a Jefe de la ciudad porteña. 

Cristina no pierde porque Cristina se votó y se vota a sí misma en un país paralelo donde solo ella habita. Siempre habrá una mesa en Necochea o en la Antártida donde su candidato podrá mostrar lo que ella espera. Nadie contradice a la Presidente. Nadie lo ha hecho en la última década, y aquellos que quizás intentaron mostrarle la Argentina verdadera, hoy ya no están dando vueltas. 

Recuérdese a Sergio Acevedo, a Florencio Randazzo, a Alberto Fernández, al mismísimo Jorge Capitanich que ya se había probado el traje de presidenciable, o a tantos otros que supieron ser “el cuadro político” del futuro y quedaron apenas detrás de escena, mendigando figurar en alguna lista por insignificante que sea.

Esta es la Argentina limada por el populismo y la falacia de un gobierno que convirtió al Estado en sinónimo de negociado. Nada puede verse con claridad desde donde estamos. Los resultados, en consecuencia, estarán matizados por grises que según se mire podrán mostrar un futuro más o menos duro pero sin certezas ni objetividades. 

Octubre es otro capítulo, si acaso Agosto es el prólogo lo sabremos en Diciembre cuando se llegue al final del libro que está siendo escrito. Antes, todo es y será espejismo, deseo, ganas o acaso resignación, complicidad y hastío.

Lo único seguro es que el mañana sigue dependiendo de nosotros mismos.


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